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Resumen :: Concepción - Chile
40 Años: Memoria y espacio público, las marcas de la historia. E-mail
Escrito por Robinson Silva Hidalgo (resumen.cl)   
Jueves, 19 de Septiembre de 2013 00:00

Hace cuarenta años, en un septiembre como este, la decisión del pueblo se vio trancada por el golpismo encubierto de militares, empresarios y políticos derechistas, nuestra región había sido parte de un largo proceso de acumulación de poder para enfrentar a la oligarquía chilena que finalmente recurrió a la violencia más terrible, la que utilizó al estado para castigar el deseo de transformación de millones de chilenos y chilenas. En estas líneas queremos reflexionar acerca de los mecanismos que el pueblo está utilizando para recuperar su memoria y con ello, el camino de su liberación, pasando por encima del ninguneo neoliberal sobre nuestro espacio común, el espacio compartido que es la ciudad o el barrio. 

“En ocasiones los procedimientos jurídicos burocráticos han llevado a considerar que el espacio público ideal es el que está prácticamente vacío, donde no se puede hacer nada. Y la excesiva protección impide el uso, por ejemplo cuando con las mejores intenciones se peatonalizan radicalmente núcleos centrados o se prohíbe todo tipo de actividades o servicios comerciales en plaza o parques” (Borja, 2010:123). 

En ese contexto las marcas del territorio se constituyen en una diversidad de formas que buscan conmemorar los hechos relevantes de la historia de los pueblos. En el último tiempo y a diferencia de la historia oficial que honra a militares y políticos profesionales, ha sido el pueblo quien construye, raya, dibuja y erige en el espacio colectivo los acontecimientos relevados por su propia memoria.

Bonnemaison ha construido la idea de geosímbolo para explicar esos elementos, los hechos de esa memoria que referencian la relación entre historia y territorio y que las sociedades definen para construir, reforzar o alimentar su identidad. 

“El geosímbolo es un marcador espacial, un signo en el espacio que refleja y forja una identidad [...]. Los geosímbolos marcan el territorio con símbolos que arraigan las iconologías en los espacios-lugares. Delimitan el territorio, lo animan, le confieren sentido y lo estructuran” (Bonnemaison en Raichenberg y Heau-Lambert, 2008:179). 

Haciendo una traslación al relato de la historia, más bien, a los procesos de memoria histórica, esta idea nos ayuda a captar de mejor forma un fenómeno que hoy se está dando en nuestra región: la constitución de espacios referenciales o geosimbólicos de hechos que apelan a la historia reciente de  nuestro país, en concreto los referidos a la dictadura. En diversos lugares se han levantado diversas formas de recordación material de sucesos ligados a la vulneración de los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet (1973-1989).

Toca escudriñar en esos lugares el cómo y por qué se han erigido, indagar en la historia que quieren visibilizar y los significados sociales y culturales que están explicando las preocupaciones e intereses del pueblo. Los medios de comunicación, dada las características de control político que tienen en Chile, han dejado pasar este fenómeno y tampoco la academia está dando cuenta de su existencia ni como hecho social ni como proceso de develamiento de la memoria.

Además de todo lo anterior, hay un elemento que, indirectamente, está relevando este proceso, las comunidades tienden a tomar estos geosímbolos y ubicarlos en su identidad, llenando de contenido material e inmaterial su presencia en el lugar. Este proceso hace que se incorpore la historia al discurso de esos sectores y sus territorialidades, otorgándoles complejidad, en el sentido en que lo define Morin, son espacios que se modernizan en cuanto reconocen sus tensiones y conflictos, sus derrotas y triunfos frente al poder.

La batalla de la memoria, al decir de María Angélica Illanes, incluye la apropiación del significado del territorio que habitamos, no es casualidad que no haya una calle que se llame Miguel Enríquez o una plaza que honre al intendente Fernando Álvarez. Esta complejidad de la historia relatada, da cuenta de la necesidad por triunfar sobre el olvido, por desterrar las ideas del terror pinochetista, como recientemente se ha logrado en Providencia, eliminando el nombre “11 de septiembre” de una Avenida de esa comuna, esto no es menor, con ello se derrota, en una pequeña parte, al golpismo que todavía goza de salud tras cuarenta años. 

“En el fondo de esta cuestión está el hecho de que nombrar es conocer, es crear. Lo que tiene nombre tiene significado o, si se prefiere, lo que significa algo tiene necesariamente un nombre. En el caso de los toponímicos, su riqueza demuestra el conocimiento que se tiene de esta geografía...” (Bonfil 1989: 37). 

En nuestra región encontramos estos geosímbolos de la memoria en la recordación de las víctimas de la dictadura, en la Universidad de Concepción, en la Vega monumental y en la población Pedro Aguirre Cerda de Coronel, entre muchos otros lugares, son las marcas más reconocibles para todos quienes habitan la ciudad. Pero también los eventos comienzan a ser vislumbrados como elementos dignos de ser referenciados en el territorio, comienzan a aparecer las grandes protestas, las ollas comunes y las tomas de terreno como posibles acciones de la historia que pueden ser cartografiadas. 

El régimen pinochetista fue consciente del rol que tiene el uso del espacio público por la acción política y es por ello que presenta -desde buen comienzo- una elaborada política para prohibir y reprimir cualquier intento de manifestación en torno a ello. En una primera definición existió una legislación destinada a garantizar esa prohibición del uso, espíritu legal que percibimos en aspectos como el estado de sitio, el toque de queda, pero también en la nomenclatura urbana y posteriormente, en los espacios simbólicos del poder y en los lugares físicos de su ejercicio. 

La invitación es a que todos remiremos el territorio con  los ojos de la memoria, situando en una esquina, en una plaza, en alguna calle, los momentos y acciones que se revelaron como dispositivos de rebeldía contra la dictadura, fijando racionalmente en el territorio de la ciudad los brotes de nuestras resistencias es que conquistaremos al cuerpo colectivo de lo social como propiedad de la memoria popular, llena de sentido y de identidad cargada de lucha y desafío al poder.

En la Foto: Protesta en la Universidad de Concepción, 1985. De espaldas están los estudiantes Sergio Camus y Pedro Cisternas. (Información proporcionada por Uca Torres)

 
Ya está en Kioscos RESUMEN Nº48 E-mail
Escrito por resumen.cl   
Lunes, 19 de Agosto de 2013 21:12

Resumiendo

Derecha depresiva,  modelo moribundo.

La repentina bajada del candidato presidencial de la alianza gobernante, el UDI Pablo Longueira, deja al desnudo las flaquezas de la derecha y los límites del modelo dominante. La supuesta depresión que afectaría al fanático pinochetista, uno de los llamados duros dentro de la gama ultra conservadora de la clase política chilena, no hace sino evidenciar que el sistema está en franca debacle.

Párrafo aparte merece el patético espectáculo de complacencia que, a propósito de la bajada de Longueira, ha brindado la clase política. Los unos ensalzando las supuestas virtudes y cualidades de un individuo cuya práctica política histórica son un simple y brutal desmentido de la palabrería zalamera de sus aduladores; los otros, supuestos adversarios, hacen omisión del hecho no menor que el individuo en cuestión pretendía ser presidente de la república ocultando o a pesar de las patologías clínicas que le afectaran.

Esta depresión, o la patología que sea que afecte al engreído “coronel”, deja al descubierto que la derecha no logra resolver sus contradicciones y diferencias para tratar de salvar un sistema político y económico que se agrieta por todos lados. El modelito dictatorial, diseño y creación de la derecha más recalcitrante (y que las sucesivas administraciones concertacionistas se han esmerado en preservar, acicalar y adornar), ha sido puesto en jaque por la movilización social de los últimos años.

La respuesta de la clase política en su conjunto, con mayor fuerza por parte de la alianza derechista gobernante, ha sido la sistemática represión de los movimientos y movilizaciones sociales. Esta tendencia represiva ha ido en peligroso aumento, institucionalizándose como la forma normal de enfrentar los reclamos populares. La política represiva del actual gobierno se ha tornado particularmente virulenta, con intentos formales de legalizar las acciones represoras que rebasan el estado de derecho; en un afán burdo y extremo por perseguir, penalizar y criminalizar la movilización social.

Sin embargo, la política represiva no le ha producido a los gobernantes los resultados deseados, y buscados con dedicación plena desde el arribo del lote de los “coroneles” al gabinete. La movilización social no solo no ha sido derrotada sino que se ha dotado de más fuerza, de más contenido, de más radicalidad, de más extensión. Los objetivos y demandas de la población ya no se limitan solo a la reivindicación inmediata y directa que puede estar en el origen de un movimiento determinado, sino que en sus demandas exigen soluciones que apuntan a los pilares de sustentación del modelo económico o a pilares esenciales del ordenamiento político impuesto por la dictadura y defendido a rajatabla por la derecha dominante.

En este enfrentamiento de ideas y propuestas va resultando triunfador el movimiento social. Y esa es una buena noticia. La derecha se encuentra sumida en una suprema depresión. Ni el ejercicio del gobierno, ni la represión desaforada, ni la manipulación mediática, ni la guerra psicológica, ni maniobras distractoras, ni el incremento de las formas y alcances represivos, nada les ha dado resultado. Eso deprime a cualquier facho acostumbrado a mandar y exigir que sus decisiones se cumplan, acostumbrados a ser obedecidos, acostumbrados a tener unos administradores eficaces que supieron controlar y mantener a raya a las masas populares. Nada les ha dado resultado porque el movimiento social sigue en alza y planteando exigencias que afectan el corazón del modelo dictatorial empresarial: educación pública, gratuita y de calidad; salud pública oportuna, de calidad y gratuita; fin a las AFP y restablecer sistema previsional público que vele por los intereses de los afiliados; reforma al sistema tributario que garantice el pago de impuestos justos; renacionalización del cobre y riquezas mineras; renacionalización del agua; reforma al sistema electoral; asamblea constituyente; nueva constitución política; son solo algunos de los reclamos populares que provocan la depresión en la derecha y el espanto en el conjunto de la clase política.

La existencia y presencia del movimiento social obligó  a los poderes fácticos de la derecha a botar la candidatura de Golborne y levantar de sopetón la de Longueria, que se les cayó por el peso de sus propias flaquezas. Ahora, para defender lo suyo con lo suyo, pretenden enfrentar la debacle recurriendo a una de las más directas expresiones  de la dictadura como es la hija de uno de los miembros de la junta militar dictatorial. La derecha recalcitrante nunca se resigna a perder; como es y ha sido su historia seguirá defendiendo con dientes y uñas su malparida criatura.

 
[En Dictadura] El mundo rural asolado por el terror E-mail
Escrito por Darío Nuñez (resumen.cl)   
Miércoles, 18 de Septiembre de 2013 01:44

Despiadada e inmisericorde. Como una plaga se expandió  por los campos de la región la represión que se desató sobre los campesinos y trabajadores rurales inmediatamente después del golpe de estado de septiembre de 1973.

El campesinado de la zona se había integrado con entusiasmo y fervor a la ola de rebeldía que se forjó en el impulso de la reforma agraria y en la conquista de derechos y libertades. Una vida digna era el objetivo que motorizaba las luchas y esperanzas de los pobres de los campos. “La tierra para el que la trabaja”, era la forma específica que adoptaba el comienzo de ese camino por una vida mejor.

El gobierno popular de Salvador Allende impulsaba una reforma agraria que se proponía afectar solo a los fundos de más de 80 hs. de riego básico que, dada nuestra geografía y resquicios legales de los poderosos, dejaba reducida su aplicación a unos cuantos predios del llano central. La explotación de los trabajadores del campo, sin embargo, se desarrollaba sin límites ni reparos desde el mar a la cordillera, y desde la cordillera al mar, en fundos y latifundios de distintos tamaños y características. Pero llegado el triunfo del gobierno de Allende, los campesinos y trabajadores agrícolas que vivían y sufrían esa explotación patronal no se fijaron en límites de hectáreas, ni se subordinaron a definiciones programáticas ajenas, para proponerse zafar del yugo de los patrones. Emprendieron su propio camino de lucha y se tomaron fundos y predios para ejercer su libertad y exigir o aplicar sus derechos. Las tomas condujeron a la expropiación de los fundos y latifundios, a la generación de asentamientos y comunidades campesinas, a la construcción de sindicatos y cooperativas, a las organizaciones colectivas y amplias, a forjar su propio destino.

Esta ola de rebeldía campesina generó, inevitablemente, el odio absoluto de patrones, de los momios (fachos), de los poderosos. En esta zona las corrientes derechistas eran poderosas, contaban con grupos paramilitares organizados, siguieron y siguen siendo poderosas. Cuando lograron consumar el golpe de estado que derrocó al gobierno de Allende, desataron todo su odio, su ánimo de revanchismo, su sed de venganza sobre el campesinado y los trabajadores del campo.

Los antiguos patrones junto a bandas paramilitares de derecha, otros lacayos de los poderosos, lideraron con lista en mano las incursiones que se desataron sobre los campos por parte de las tropas uniformadas; o bien, esos civiles se integraron plenos de entusiasmo criminal a las incursiones represivas.

Las tropas de uniformados, militares y carabineros, llevaron a cabo incursiones represivas sobre los lugares, fundos, caseríos, que más se habían destacado en la lucha por sus derechos durante el gobierno de Allende, o desde antes, o desde siempre. El objetivo era acallarlos, aniquilarlos, someterlos, restablecer el orden patronal de la mano del poder de la bala y la bayoneta de los uniformados.

Esto fue particularmente masivo y virulento en la provincia de Bío-Bío, en especial en las comunas de Santa Bárbara, Quilleco, Quilaco y Mulchén. Allí los civiles incluso actuaron por su cuenta, o participaron de interrogatorios y torturas al interior de las unidades militares y policiales, o participaron activamente en ejecuciones de campesinos apresados. Las acciones represivas buscaban no solo el amedrentamiento de los ciudadanos sino el sometimiento popular y sembrar el terror en la población en su conjunto. A estas razias, se agregó el despreciable método de hacer desaparecer los cuerpos de las víctimas que iban causando las hordas represivas; situación de desaparición que en la mayoría de los casos se mantiene hasta hoy.  Esta práctica dio inicio a la existencia de detenidos desaparecidos.

Un caso que grafica de modo brutal la brutalidad (valga la redundancia) y el odio de los ejecutores, sus métodos despiadados y macabros, lo encontramos en lo ocurrido con la familia D’Apollonio  en la comuna de Santa Bárbara. Sergio D’Apollonio Peterman, obrero agrícola de 48 años, casado, 9 hijos, y su hijo Carlos Jacinto D’Apollonio Zapata, obrero agrícola, 22 años, fueron detenidos a las 3 de la madrugada del 23 de octubre de 1973 por carabineros del Retén Santa Bárbara. Los aprehensores se hacían acompañar por el facho civil Jorge Domínguez y movilizaban en una camioneta del latifundista José Domínguez, padre del anterior. Luego de detenerlos los llevaron a un puente cercano que cruza el río Bío-Bío; los hicieron descender del vehículo; los ejecutaron con ráfagas de fusilería; una vez muertos, arrojaron sus cuerpos al río. Todo esto fue visto por la esposa de Sergio Apollonio y su hija Cristina quienes habían seguido los pasos de la comitiva y observaban ocultas los hechos a cierta distancia. Al amanecer, cuando los policías se habían marchado del lugar, ambas mujeres bajaron hasta el lecho del río e intentaron recuperar los cuerpos de sus deudos desde las aguas. Solo pudieron rescatar el cuerpo de Carlos Jacinto. El día 24 de octubre, en circunstancias que se encontraban velando el cadáver de Carlos en la casa familiar, llegaron hasta la vivienda los mismos carabineros del Retén Santa Bárbara quienes, por el imperio del poder de las armas, se llevaron el cadáver para arrojarlo nuevamente al río Bío-Bío, esta vez sobre el Puente Pinto, más al interior de la cordillera. Casos como éste se encuentran por decenas en los campos de la zona, pero no sólo en los campos se atacó al campesinado.

En los hechos, la represión desatada sobre localidades y pequeños pueblos de la zona también se inscribe en esta gran represalia dirigida contra el mundo campesino y rural. En ese marco se incluyen las masivas y notorias acciones de represalia y aniquilamiento desarrolladas en lugares como Santa Juana, Nacimiento, Laja, Hualqui, Coelemu, San Rosendo, entre otros lugares.

Para los gestores y ejecutores del golpe de estado el mundo rural fue un objetivo prioritario de la subsecuente represalia desatada sobre la población. No menor es el dato que en la zona que comprende la actual región el 29 % de las víctimas (ejecutados y detenidos desaparecidos) provocadas en la primera época post golpe (entre septiembre y diciembre de 1973) es gente del mundo campesino y rural de la zona. En la provincia de Biobío este porcentaje alcanza el 43,5 % de las víctimas y en la provincia de Ñuble el 34,5 %. A estas víctimas hay que agregar aquellos campesinos que fueron detenidos, encarcelados, torturados, expulsados de sus tierras, como parte de esta guerra contra el pueblo instigada por los patrones y ejecutada por uniformados y fachos.

Así se estableció el imperio del terror en los campos. Y los antiguos patrones recuperaron sus fundos y potestades, restablecieron su orden amparados en la violencia y criminalidad del régimen dictatorial.

 
[FOTOS] Exitosa jornada de mapeo colectivo E-mail
Escrito por Rebeca Olea   
Miércoles, 04 de Septiembre de 2013 19:10

(1era jornada) Geografía de la Dictadura: Resistencias y memorias | 1 de Septiembre 2013

La jornada de mapeo colectivo, fue realizada en el contexto de una serie de actividades de corte académico, social y cultural, desarrolladas en la Universidad de Concepción en relación a los 40 años del golpe militar. Su proceso de producción, planificación, montaje y proyecciones, responde a un proceso colectivo de trabajo impulsado por estudiantes y ex estudiantes de las carreras de Arte, Historia, Arquitectura y Geografía y del Grupo interdisciplinario de investigación en Territorio(s), Memoria(s) y Patrimonio(s) de la Universidad de Concepción.

El mapeo colectivo como técnica participativa, permite construir otras representaciones del espacio, resignificando con esto lugares invisibilizados, heridos, negados y perdidos, dentro de lo que hoy conocemos en nuestros territorios. A 40 años del golpe militar, hemos querido espacializar distintos acontecimientos políticos y sociales, representados en acciones de resistencias, represión y participación durante la dictadura militar en las comunas de Concepción metropolitano. El territorio en este sentido, se vuelve el pretexto para recordar, el sustento que articula y visibiliza otros y nuevos lugares. Lugares traslapados, de sentires, de miedos, de historias, de familias, de idas, de venidas, de rutinas, de sueños. El articular este ejercicio de memoria desde el territorio metropolitano, permite integrar los relatos y las memorias desde lo espacial, incluyendo en esto, los traslados y acciones cotidianas de quienes vivieron la dictadura en estas comunas.

Para la realización del mapeo colectivo trabajamos paralelamente en cuatro aspectos: Base, iconografía, convocaría y metodología. Para la producción de la base cartográfica y en sentido de la escala propuesta, trabajamos una base sobre tela de 120 metros cuadrados, en donde se proyectó y trazó a mano, las calles que componen este territorio. Hablamos del tramado urbano de las comunas de Tomé, Penco, Talcahuano, Hualpén, San Pedro, Coronel, Lota, Concepción, Chiguayante y Hualqui.

Los iconos utilizados para registrar las memorias y resistencias, fueron agrupados en tres categorías: resistencias, represiones y organizaciones. Dentro de las resistencias, hablamos de tomas y huelgas, marchas, barricadas, actos políticos y culturales y acciones armadas. Dentro de las represiones; de cuarteles, de desaparecidos/as, detenciones, ejecuciones, sapos, allanamientos y torturas. Dentro de las organizaciones, están son agrupadas en; religiosas, estudiantiles, de mujeres, poblacionales y sindicales. Los iconos señalados, por cada una de las categorías fueron realizados en esténcil para luego diferenciarse por 3 colores distintivos en el mapa.


En cuanto a la convocatoria, esta fue entre redes. Es decir, se trabajó con nuestras propias redes de personas y organizaciones, quienes articulando en algunos casos sus propias redes, participaron de esta actividad. El mapeo, se planifico metodológicamente como un recorrido, recorrido sobre el tramado urbano de la ciudad en donde se privilegió el relato y las historias personales asociadas al registro de los iconos, antes de un registro cuantificable de lugares y datos.

El tránsito propuesto, permitió que los asistentes al mapeo, pudieran recorrer no sólo las comunas que ellos/ellas conocían o transitaban, sino que además permitió, reconocer en otras comunas represiones, resistencias y organizaciones comunes. El mapeo, pensando en primera instancia como una sola actividad, se extiende a una segunda jornada debido al interés de los mismos/as asistentes, actuando finalmente el colectivo que organiza como facilitadores del encuentro de estos relatos.

La primera jornada se evalúa de manera alentadora. Pudimos reconocer las ventajas de trabajar a esta escala, soportando el mapa a más de 20 personas transitando consecutivamente por él. También, aumentamos las especificaciones y subcategorías en las iconografías, agregándose espontáneamente al mapa, durante la primera jornada; ollas comunes, represión psicológica, amenazas áreas, amenazas marinas, bibliotecas populares, entre otras. Pudimos mejorar el sentido de red de la convocatoria, manteniendo una difusión por medios digitales e invitaciones puntuales. Pudimos compartir y presenciar las ganas de conversar, las ganas de contar y transmitir estas historias en la construcción de esta otra geografía.

La segunda jornada de mapeo, se realizará nuevamente en el foro de la Universidad de Concepción, el domingo 15 de septiembre entre las 11.00 y 16.00 hrs. Todos/as invitados/as






Invitan:

Estudiantes y ex estudiantes de Arte, Historia, Arquitectura y Geografía [UdeC]

Grupo interdisciplinario de investigación en Territorio(s), Memoria(s) y Patrimonio(s) [UdeC]



+info: www.40sur.cl


Fotos: Rafael Bernal

 
Coronel, una Plaza y una Torre E-mail
Escrito por Pedro Silva Torres (resumen.cl)   
Lunes, 07 de Marzo de 2011 01:56

altSerena y contemplativa, casi indiferente al diario acontecer, la plaza 21 de Mayo fue en un momento el centro de reunión del viejo Coronel, del viejo Coronel minero y navegante perdido ya en la bruma de un tiempo que se fue. Y ahí está, fiel testigo de lo que pasa y recordando, con nostalgia, lo que ya pasó. Porque cuando la actual plaza de armas para algunos o Almirante Latorre para otros era casi un sitio eriazo, ya la 21 de Mayo era reina de festivales y bailes, murgas y comparsas, amén de guardadora celosa de enamoradas promesas o de furtivas miradas de lánguidos amantes. A no pensar mal. No sólo el pololeo se daba cita en la plaza. A fin de año, cuando un buen examen eran la única salvación, o cuando se quería subir una nota, se concentraban allí, y recién aclarando, los estudiantes del liceo a repasar sus materias. Paseando de esquina a esquina, o dando vueltas, o sentados en bancos o gradas de la torre, se les veía, con la mirada iluminada por la juventud.

 Nuestra plaza se encuentra encerrada por tres calles y por la línea férrea. Las calles son Los Carrera, Remigio Castro y Cousiño. Hasta hace algunos años una tupida corrida de hermosos arbustos, separada de la línea un muro de ladrillos de por medio, ofrecía cómplice y romántica privacidad a las parejas que querían separarse del mundo para vivir más plenamente sus sueños y disfrutar más sus caricias. Los arbustos ya no existen; fueron arrancados por un supuesto progreso puesto al servicio de intereses más productivos que el amor. Hoy se encuentra en su lugar una calle-estacionamiento. Pero no sólo los arbustos desaparecieron. Antes lo había hecho el odeón situado a un costado de la torre. Este odeón era el centro de atracción cuando se presentaban las bellas que postulaban a ser reinas primaverales o cuando alguna banda u orfeón ofrecía una retreta en algún atardecer de otoño o en algún domingo asoleado. Nadie sabe como y menos el porqué se derribó una estructura que era parte integrante de la plaza, pero un día cualquiera quisimos verlo y ya no estaba, taciturno como siempre, esperando a los niños que con sus juegos y risas endulzaban su imagen adusta.

 Pero sin duda la atracción y la esencia, el alma de la plaza es su torre, regalada a Coronel por el gobierno inglés en 1881 como un homenaje al Ejército y a la Armada vencedores en la Guerra del Pacífico, monumento que por supuesto no todas las ciudades de Chile pueden exhibir. Estaba dotada de un reloj con carillón que marcaban el paso de las horas, ambos fuera de funcionamiento desde hace años, y pasó a ser el referente emblemático de la ciudad, hito urbano, lugar de encuentro de viejos y jóvenes de ayer y de hoy. Quizá por esto ha sido respetada hasta ahora: Por ser obsequio de un gobierno amigo y por ser el emblema de la ciudad. Ni los terremotos del 39 ni el del 60 hicieron mella a la torre centenaria, pero sí el de febrero del 2010 resintió su estructura derribando su techo y agrietando sus muros. Y allí está, a un año del terremoto, herida pero de pié, esperando ser restaurada por una autoridad civil o militar que se sienta responsable o por la comunidad conciente de su valor patrimonial. Y ahí debe seguir, señalando a los coronelinos una senda de dignidad y progreso, marcada por la identidad ciudadana de un pueblo libre.

 
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